lunes, 15 de noviembre de 2010

   Nos  adaptamos a todo. Somos seres frágiles, pero al mismo tiempo, muy fuertes. Aún en condiciones pésimas, sabemos encontrar la salida y el lado positivo de lo malo.Un día, llega el momento de abandonar el cálido nido materno. No quieres, crees que el día ha llegado muy pronto y que eres muy jóven aún, pero entre lágrimas lo haces, esperando volver lo antes posible.
   Lo que, en ocasiones deseabas con fuerza, parece haberse tornado en un doloroso paso.
   Legas a un lugar nuevo, a una ciudad infernal y en un día frío y cruel. Estás solo y lo sabes. sigues una rutina diaria para no empeorar y no caer más abajo dentro de ti.
  Con el paso de los días, semanas, incluso meses, te das cuenta de que el infierno de ciudad que veías, es ahora un poco más bonito, está ahora cerca de  ser un paraíso y te empiezas a sentir bien. Echas de menos tu casa y no quieres dejar de hacerlo, pero sabes que puedes sobrevivir; incluso pasartelo bien.

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