No tengo miedos, no existen los complejos, no hay mal que pueda hacerme bajar de este paraíso- pensaba en ese momento...
Pero cuanto más libre me sentía y más alto subía, empezaba a sentir el peso de mis pies. Bajé la mirada y vi como alrededor de mis tobillos crecían unas fuertes enredaderas. Me dolían, apretaban como si quisiesen cortarme en dos. Al mismo tiempo de sus raíces nacían enormes rocas que hacían que cayese inevitablemente y a una velocidad abrumadora.
Mis alas antes divinas, eran ahora oscuras y sin brillo, poco a poco sus plumas de iban esparciendo por el aire, y con ellas todos mis sueños, esperanzas e ilusiones...
He caído y aquí estoy de nuevo, pero juro que volveré a subir, y la próxima vez no necesitaré alas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario