domingo, 26 de diciembre de 2010

    Hoy, con el alba, han nacido en mi espalda unas pequeñas alas blancas. Luminosas, casi cegadoras. Hacen que mi cuerpo  se eleve lentamente.  Ya no siento su peso, siento que fluyo, que soy uno con el viento.
   No tengo miedos, no existen los complejos, no hay mal que pueda hacerme  bajar de este paraíso- pensaba en ese momento...

   Pero  cuanto más libre me sentía y más alto subía, empezaba a sentir el peso de mis pies. Bajé la mirada y vi como alrededor de mis tobillos crecían unas fuertes enredaderas. Me dolían, apretaban como si quisiesen cortarme en dos. Al mismo tiempo  de sus raíces nacían enormes rocas que  hacían que cayese inevitablemente  y a una velocidad abrumadora.
   
 Mis alas antes  divinas, eran ahora oscuras y sin brillo, poco a poco sus plumas de iban esparciendo por el aire, y con ellas todos mis sueños, esperanzas e ilusiones...

 He caído y aquí estoy de nuevo, pero juro que volveré a subir, y la próxima vez no necesitaré alas.



 

No hay comentarios: